El Arte de Reinvención
El Proyecto "Hecho en Babu" Le Da El Vidrio Una Segunda Vida
CULTURA
Mientras la música en vivo llena la sala con suaves sonidos de samba, el escenario del Restaurante Orígenes en Tequisquiapan - un pueblo a unos 100 kilómetros al sureste de San Miguel de Allende - resplandece con lo que podría ser el rompecabezas más complejo que se pueda encontrar en kilómetros a la redonda: en una superficie de 16 metros cuadrados, un mural de vidrio de los cercanos viñedos de Cavas de San Juan brilla desde la pared del fondo; detrás se alza una cadena montañosa, teñida por el sol poniente. A su sombra, los músicos tocan sus guitarras. Mientras sus melodías transportan a los invitados a las calles de Río de Janeiro, la obra de arte asegura que sus ojos permanezcan firmemente anclados en el aquí y el ahora.
El mural está compuesto por miles de fragmentos de vidrio y fue realizado con más de 9,000 horas de trabajo. Su material proviene de botellas que anteriormente eran objetos cotidianos comunes y corrientes, y que, a través de las manos de artistas locales que trabajan en el proyecto "Hecho en Babu", han recibido una segunda vida. "El vidrio es 100 por ciento infinitamente reciclable", explica Raquel Moreno, del proyecto. No pierde ni calidad ni pureza en el proceso. "El problema es que no lo estamos aprovechando al máximo, porqué no existe la infraestructura para procesarlo correctamente".
En México, sólo alrededor del 12 por ciento de las más de 2,200,000 toneladas métricas de vidrio que se usan cada año se recicla. Económicamente, el reciclaje de vidrio simplemente no es atractivo: "Si lo recolectas, solo algunos recicladores lo aceptan. Y solo reciben ciertos tipos - transparente, verde, ámbar [botellas de cerveza], y tal vez vidrio azul cobalto -, pagando entre 20 y 50 centavos por kilogramo." Sin reciclaje, el vidrio está lejos de ser sostenible: "No es biodegradable. Una vez que está ahí afuera, permanecerá durante miles de años", explica Moreno.
Hecho en Babu invita a la comunidad local a juntar su vidrio y llevarlo directamente al sitio del proyecto: un estudio, galería, taller y espacio comunitario, todo a la vez. Ahí, el vidrio viejo, desde botellas de vino hasta frascos de perfume, es revivido. Muchas piezas adoptan nuevas formas como otros objetos cotidianos: restaurantes y hogares de la zona, por ejemplo, usan vasos hechos con botellas cortadas. Otros fragmentos de vidrio tienen aún más suerte y se convierten en arte, la visión principal del proyecto.
"Al hacer arte, cada pieza es una oportunidad de reinventarse", dice Azuca Basante, quien ha liderado el proyecto, diseñando nuevas colecciones y piezas únicas desde hace más de 37 años. Un recorrido por el lugar deja claro cuántas veces ella y su equipo se han reinventado a sí mismos y al material a lo largo de los años, de formas tanto grandes como pequeñas. El lugar mismo es una obra de arte: hay una mesa que descansa sobre una base de botellas de vino, espejos enmarcados con formas de vidrio de colores, plumas de vidrio que cuelgan de lámparas de madera, y una colección de joyería de vidrio.
En los talleres, los visitantes pueden experimentar el material por sí mismos: desde crear pequeños cuadros, campanas de viento y atrapasueños, hasta experiencias más grandes diseñando espejos, lámparas y mesas que después pueden decorar sus propios hogares.
El proceso de crear una propia pieza de arte en vidrio exige concentración total. Frente a ti hay un objeto esperando ser moldeado, junto a un montón de fragmentos de vidrio de todos los colores y formas. Al dejarte llevar por el trabajo, uno se encuentra, de manera intuitiva, atraído hacia ciertos colores y formas sin saber muy bien por qué. Racionalmente, hay que tomar decisiones activas sobre cómo va tomando forma la pieza. Y luego está la capa física: unir los fragmentos con paciencia y precisión. Mientras tanto, Moreno, la instructora, comparte detalles sobre la historia del proyecto, las más de 10 técnicas de vidriería en el repertorio del equipo, así como los desafíos que enfrentan.
En este momento, se dona mucho más vidrio al proyecto del que se puede procesar. “Nuestra situación ideal sería tener un molino al lado, molerlo todo y almacenarlo”, dice Moreno. “Es un material muy bueno para la construcción: una arena muy buena”. Esta aplicación se vuelve cada vez más relevante, ya que la arena real escasea cada vez más en todo el mundo: es el segundo recurso natural más consumido en la tierra, después del agua. La arena de vidrio comparte propiedades similares, lo que la convierte en un fuerte sustituto. Sin embargo, la cantidad de vidrio que se procesa para convertirse en arena es, hasta la fecha, mínima en comparación con la producción industrial de vidrio a nivel mundial, lo que hace que proyectos locales como este, que generan conciencia en sus comunidades, sean aún más importantes.
Producir algo nuevo a partir de algo que ya existe: eso es la reinvención, en su esencia. En un mundo de abundancia, Hecho en Babu ofrece una perspectiva diferente: reconocer el valor de lo que ya tenemos en nuestras manos, sentirlo, jugar con ello y, finalmente, verlo con nuevos ojos. "La personalidad de las personas se refleja en las formas y colores que eligen, y en cómo los organizan", dice Moreno, quien ha acompañado a muchos grupos distintos en los talleres. El proceso no ofrece exactamente gratificación instantánea. Pero activa algo más: la creatividad natural que todos llevamos dentro, y que en Hecho en Babu toma forma en nuestra propia e inesperada pieza de arte, hecha de un material duradero, demasiado valioso para desecharlo.
Hecho en Babu tambien esta disponible en Instagram y Facebook. Para contactar a Raquel Moreno acerca de talleres, mensajea +52 414 109 1951 o escribe un corra a hechoenbabu@gmail.com
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Tequisquiapan, Queretaro
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